“Las pampas atraían y fascinaban a las agrupaciones del lado chileno: era el lugar de fácil enriquecimiento, de grandes campañas militares donde los hombres se cubrían de honores y gloria”, señala el historiador José Bengoa en su Historia del Pueblo Mapuche siglos XIX y XX.

El discreto encanto de las pampas

Hemos visto que ha quedado expuesto a través de diversos documentos de historiadores y de la comisión integrada también por líderes mapuches, que el desplazamiento de la etnia hacia las pampas fue un imperativo surgido a partir de las presiones originadas por la guerra contra los españoles, sumado a la necesidad de dominar el beneficioso comercio que atravesaba la cordillera (y sus tierras al sur del Bío-Bío) e intentar apropiarse de las riquezas pampeanas. Dominar ese intercambio, tan apreciado también por los españoles, podría significar una mejor posición de negociación.

Los contactos mapuches con el mundo más allá de la cordillera eran antes del siglo XVII esporádicos y limitados. El progresivo ingreso y asentamiento de grupos mapuches a la región que hoy ocupa Argentina se denominó genéricamente como “araucanización de las pampas”, aunque el historiador Zavala Cepeda lo corrige por la denominación “huillichización de las pampas”, debido a que las incursiones huilliches eran mucho más numerosas, contínuas y llegaban más lejos que la de los propios mapuches. Más allá de este detalle, queda establecido que tanto mapuches como huilliches ocuparon asociados a los grupos locales pampeanos un enorme y productivo territorio.

En el Informe de la Comisión Verdad Histórica y Nuevo Trato 2003, extenso y completo documento realizado en forma conjunta por diversas personalidades chilenas y dirigentes mapuches, encontramos la confirmación del impulso económico que movilizó tan extraordinaria campaña: “…en busca de pastos y animales para comerciar, se fueron internando en la cordillera de los Andes, intensificando las relaciones con la población pehuenche, y siguieron incursionando en las montañas hasta llegar a las pampas trasandinas, ocupándolas plenamente a fines del siglo XVIII. El viaje hacia y desde las pampas tenía una motivación principalmente económica: la búsqueda del ganado para su venta en la frontera con Chile central y también de sal”. Efectivamente, durante el siglo XVIII y sobre todo la primera parte del siglo XIX, hasta la década del setenta, los mapuches dominaron y ocuparon para sus actividades pastoriles, ganaderas, cazadoras, un territorio enorme, quizá el de mayor tamaño que un grupo étnico o pueblo indígena haya controlado en toda América”.

not_20090920_483171Representación del territorio pampeano ocupado por mapuches.

El desarraigo del conquistador

La expansión mapuche trajo aparejada dos situaciones casi contrapuestas. Obtenían cuantiosos beneficios económicos al mismo tiempo que se apoderaba de ellos un profundo sentimiento de desarraigo por su no pertenencia a esas tierras. “[…] también le diré a mi hijo que yo no soy de estas tierras, que yo soy chileno, y que me llamaron, yo vine con toda mi gente de allá ahora hace mucho tiempo y entonces me hicieron quedar aquí todos los caciques, diciéndome que me querían, pero que me habían de obedecer todos, en todo lo que yo los gobernase…” Extracto de una carta del cacique Calfucurá, abril de 1861.

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Imagen del cacique Calfucurá y su enseña militar.

José Manuel Zavala Cepeda, en “Los mapuches del siglo XVIII”, detalla los motivos de tal sensación: “Pareciera entonces que a mediados del siglo XVIII, los mapuches que cohabitan con los puelches y tehuelches en las sierras de la Pampa son minoritarios en relación a sus aliados. Los testimonios dejan la impresión de que son percibidos como extranjeros y de que no se sienten como en su patria. Lo concreto es que ellos no encabezan aún las acciones militares pluriétnicas”. y citando al jesuita Thomas Falkner define: que en la guerra contra los españoles de Buenos Aires, los mapuches se adhieren solamente como “auxiliares” de los puelches puesto que no pueden pretender ser jefes ya que “conocen mal” el territorio”.

El legado cultural grabado a fuego

Sin embargo, el breve período de ocupación mapuches de parte del territorio pampeano ha dejado una profunda impronta cultural en la región: “Se aprecia ya en este período, por un lado, una gran difusión de la lengua mapuche y, por otro, la utilización de armas propias de los mapuches: corazas y cotas de cuero, lanzas muy largas y cuchillo o sable. Igualmente, ya es posible observar que los mapuches entablan relaciones con los grupos de la Pampa mediante alianzas matrimoniales”.

Debe incorporarse un detalle que suele ser suavizado por algunos autores, y es que la ocupación mapuche en las pampas se hizo guerreando y negociando.  La menor cantidad de integrantes de las etnias locales dispersas en un enorme territorio se vieron progresivamente derrotadas o asimiladas por los mapuches. Los grupos locales terminaron por aceptar asociarse con los invasores que aseguraban el tránsito de mercaderías y personas sin riesgos hasta Chile y allí ventas aseguradas. Una especie de Join Venture, para el excelente negocio de entonces que era el saqueo en las pampas y ventas en el Pacífico.

“…También es posible comprobar a partir de ese período, una total dominación de elementos culturales de origen mapuche sobre antiguas formas culturales de la Pampa. A la lengua, se agrega ahora la industria textil, la platería, ciertas técnicas guerreras, prácticas rituales y políticas. De esta manera, la lanza o pica larga reemplaza definitivamente al arco y la flecha”. Debe hacerse notar que la referencia a las armas resulta relativizada por el relato del soldado – cronista Ulrico Schmidl, que participara de la primera fundación de Buenos Aires en 1536 a cargo de Don Pedro de Mendoza. Para ese entonces, Schmidl ya describe y dibujaba a los aborígenes querandíes portando picas o lanzas largas, junto a sus garrotes, arcos y flechas.

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Grabado de Levino Hulsio sobre descripción de Schmidl de la batalla españoles – querandíes. Nótese la compacta formación de lanzas indígenas.

Del esplendor al ocaso

El esplendor mapuche en las pampas fue breve e intenso, estimándose menor a un siglo. Prosperó hasta que los malones que asolaban las estancias de la región se convirtieron en un muy serio problema para la producción y exportación de la joven nación argentina.

Uno de los perjudicados era el poderoso estanciero y comerciante Juan Manuel de Rosas, además gobernador de Buenos Aires. En 1833 ordena una serie de acciones militares a fin de terminar con el pillaje de los grupos indígenas que llegaban incluso a las puertas de la ciudad de Buenos Aires. La estrategia fue cortar las rutas de arreos hacia Chile. Ese fue el comienzo del fin de la dominación mapuche asociada a las etnias locales. Rosas era tan hábil negociador como los propios mapuches. Se decía amigo de ellos y parlamentaba firmando acuerdos al mismo tiempo que fomentaba sus divisiones internas y ordenaba acciones militares selectivas.

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El golpe final sobre los mapuches estuvo impulsado por la economía mundial. Al tiempo que la demanda europea de productos primarios crecía las tierras ocupadas por los indígenas cobraban fundamental importancia. Por tal razón se planeó una ofensiva general para desalojarlos de la región. La sucesión de ofensivas militares son conocidas como Campaña del Desierto, acciones que culminaron con la derrota definitiva y expulsión de los mapuches en 1885. Las tierras, ahora bajo control gubernamental, posibilitaron la ampliación de la frontera agropecuaria y una monumental generación de riquezas que quedó en muy pocas manos, tal como estaba previsto.

Casi en simultáneo ocurría en Chile una situación similar (1861 a 1883) bajo la denominada campaña Pacificación de la Araucanía. Del lado argentino se les combatió por sus malones y por no aceptar integrarse a la nueva economía que los situaba en el escalón más bajo como peones o servidumbre a cambio de un plato de comida. Si bien no eran odiados por la sociedad argentina tampoco contaban con simpatías por sus tropelías. Algo distinta fue la situación del lado chileno. A su voluntad irreductible de no moverse de sus tierras se le sumó el haber participado del lado de los españoles durante la guerra de independencia y luego haber tomado partido durante la guerra civil. El resultado fue el desprecio manifiesto de buena parte de la nueva sociedad chilena, hecho que contribuyó a facilitar el despojo que sufrieron posteriormente y que les ha sumido en situación de precariedad y abandono.

Walter Raymond

Fin de la segunda parte.  Tercera parte: las reivindicaciones y el terrorismo

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Columna del Ejército Argentino durante la Campaña del Desierto. Foto Ejército Argentino.

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