En dos artículos previos desarrollamos un largo recorrido por la historia regional tratando de comprender las raíces del conflicto mapuche.

Puede acceder aquí al audio del trabajo periodístico:

Leyendo la historia regional

Hemos visto que los procesos de intercambio y asimilación cultural entre clanes y etnias era algo habitual en la región desde antes del inicio de la conquista española. La cordillera representaba un accidente geográfico importante delimitando características regionales, pero no era una barrera infranqueable para los grupos humanos que habitaban en sus vertientes. El tránsito y los contactos amistosos y belicosos habría sido algo bastante habitual entre aquellos grupos humanos.

Es por ese motivo que resulta llamativo que no se considere que el proceso de la conquista española, aunque brutal e injusto, no difería mayormente de los métodos de conquista y dominación territorial que los pueblos originarios ya ejercían desde hacía centenares o quizás miles de años. Acciones que de manera lamentable representan una constante en la historia de la humanidad.

Los historiadores y antropólogos han demostrado que la dinámica de aquellos pueblos era una constante de conquistas, asimilación y expansión donde quienes ganaban se expandían y los vencidos perdían su individualidad. En un momento de la historia irrumpe en la región un nuevo y poderoso conquistador. El europeo traía consigo una visión muy distinta del mundo y formas muy diferentes de producción, intercambio y acumulación. El dilema fue integrarse a ese extraño y nuevo sistema o intentar mantenerse al margen. Los pueblos originarios conocían que los vencedores siempre reclaman el dominio absoluto sobre los territorios, los recursos y las personas.

Ceder ante el invasor era una cuestión de vida o muerte. Ser vencidos significaba perder capacidad de decisión e identidad cultural. Es por eso que algunos pueblos, quizás conscientes de su debilidad, aceptaron con rapidez la asimilación con la esperanza de mantener su identidad. Otros resistieron con grandes sufrimientos y pérdidas en vidas y territorios. A pesar de ello, todos de una manera u otra culminaron diezmados, mestizados y asimilados.

Dos naciones en pos de la Patagonia

A comienzos del siglo XVIII las administraciones de Chile y Argentina recelaban entre sí, y ambas a su vez, de los indígenas militarizados en los enormes territorios al sur. Fue entonces que se apresuraron a tomar posesión de la Patagonia antes que lo hiciera el otro. La posesión se realizó bajo la doctrina del Derecho Internacional “Terra Nullius” (tierra de nadie), que permite a un Estado incorporar territorios que aún no hubieran sido reclamados por otro Estado, negando al mismo tiempo derechos posesorios a poblamientos u ocupación previa. Las campañas militares Pacificación de la Araucanía en Chile y Campaña del Desierto en Argentina, tuvieron ese objetivo. Se realizaron de manera independiente y sin coordinación entre Estados.

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Foto Diario La Primera

Durante las sucesivas campañas militares, desde 1833 hasta la definitiva victoria en 1885, el naciente Estado argentino reclamó territorios “Terra Nullius” en Patagonia que sumaron unas 60 millones de hectáreas a la producción, casi duplicando el área productiva previa. La ampliación de la frontera agropecuaria incluía el dominio de grandes extensiones por los grupos económicos que financiaron e idearon la conquista y sucesivas oleadas de mano de obra proveniente de la inmigración europea y criolla. Aquellas personas, traían junto con los elementos de labranza, una manera de vivir y pensar muy diferente que la del derrotado aborigen. Quizás fue esa diferente concepción del mundo la que generó una cierta marginación del aborigen, considerado por tales personas como seres inferiores.

El “problema” mapuche en Argentina

La documentación que hemos revisado para los dos artículos anteriores indica que los mapuches no integraban los pueblos originarios del territorio argentino. Confirma, además, que su origen y territorio histórico se situaba entre los ríos Bío-Bío y Tolten, el mar y la cordillera, que era denominado Arauco o Araucanía y que hoy integra el territorio chileno. También ha quedado definido que se establecieron de modo paulatino en sectores del lado oriental de la cordillera entre los siglos XVII y XVIII, desplazando o asimilando para ello a las etnias locales y dejando una fuerte impronta cultural.

Luego de las campañas militares, y asegurado el territorio, se procedió a conceder mediante leyes o decretos a determinados caciques y sus diezmadas comunidades superficies de tierra en donde instalarse. El colosal embate militar había dejado a los vencidos mapuches dispersos en pequeños grupos por todo el territorio. Esos grupos fueron reunidos y trasladados hacia determinados lugares asignados como reservas o reducciones, dando origen así a las reservas y comunidades actuales.

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Restos del incendio intencional del refugio Neumeyer que se atribuyó un grupo violento.

Aquellos tratados y sesiones de tierras en su favor, fueron generalmente amañados o nunca respetados por el vencedor. Situación que sumada a las condiciones precarias, trabajo esclavo y cierto rechazo social de los nuevos pobladores, originaron posteriormente distintos procesos reivindicatorios de esas comunidades sobre tierras e integración a la sociedad con respeto e igualdad.

El indigenismo cobra fuerza

Los mapuches comparten una memoria ancestral sobre un gran territorio que abarcaba parte de Chile y de Argentina. Ese territorio, que no se ajustaría a la rigurosidad histórica, es una construcción cultural que toma el momento histórico de mayor expansión de la lengua mapudungún como si fuera una constante histórica. A modo de ejemplo, ese territorio es una especie de fotograma en una película, una parte que necesita correr la película entera para comprender la totalidad de la historia. La ocupación de tal territorio fue parcial y lograda mediante conquista, asimilación y asociación con las comunidades aborígenes locales. No sería justo tomar ese territorio reclamado como verdad histórica, sin considerar también la serie de derrotas posteriores que lo redujeron a casi nada.

Se suma a la controversia, la corriente indigenista que cuenta con gran despliegue en países con porcentajes importantes de población con raíces indígenas. Tal corriente rechaza la doctrina sobre la cual se construyó la división política de América Latina y reclaman antiguos territorios. También es cierto, que aparecen ligados a tal corriente sectores ideológicos radicalizados, que promueven la realización de hechos violentos como manera de visibilizar sus reclamos.

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Grupo violento cortando una ruta. Foto Crónica.

Uno de los puntos de vista de la controversia es aportado por dos párrafos extraídos de Cartografías argentinas: políticas indígenas y formaciones provinciales de alteridad / compilado por Claudia Briones: “Paralelamente, aunque la autonomía todavía no pasa de ser una reivindicación discursiva, su planteamiento se toma como excusa para instalar fortísimas sospechas de “politización intolerable”, ya sea según algunos a manos de agitadores falsamente autoproclamados indígenas, o ya sea según otros por obra de “organizaciones pseudo ambientalistas y pseudo indigenistas asociadas sinérgicamente”.

En contraposición, el escritor Marcos Aguinis define: “La reivindicación indigenista se basa en mitos, confunde, distorsiona y contiene la trampa de conmover nuestros sentimientos de solidaridad. Así como el marxismo conmovía con su promesa de poner fin a la explotación del hombre, y solo llevó a nuevas formas de explotación y tragedia, el indigenismo promete acabar con las injusticias padecidas desde los tiempos de la colonia y solo conseguirá profundizar su marginación”.

Un segundo párrafo de Cartografías argentinas, expresa una de las visiones sobre la pauperización aborigen: “…el paternalismo estatal hacia la ciudadanía indígena se concentrara fundamentalmente en la provisión periódica de bienes de consumo básicos y en la extensión de servicios elementales ha comportado, entre otras cosas, que una escasísima parte de las comunidades llegara con título de propiedad, de las tierras tradicionalmente ocupadas, a la reforma constitucional de 1994 y a la discusión de la noción de territorio que progresivamente se instala”. “…tratan (los factores de poder) de construir los reclamos de tierras y territorios como amenaza a la propiedad privada”.

Por su parte, Miguel Ángel Tello, viceministro de Defensa argentino señala: “El fenómeno indigenista es más preocupante por lo que puede llegar a ser que por lo que es actualmente. (…) En la Argentina puede darse solamente un rebote de lo que ocurre en el exterior, pero no algo significativo”.

Todo estaría indicando, entonces, que los indígenas continúan siendo utilizados por grupos económicos o ideológicos que conscientes de sus reclamos les utilizan, otorgando dádivas de supervivencia o como plataforma política.

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Una diputada dialogando con un ocupante de tierras. Foto Diario Jornada.

La dimensión de la población mapuche

Más allá de la escasa confiabilidad de los datos del INDEC (Instituto Nacional de Estadísticas y Censo) en el período desde su intervención hasta el año 2015, debemos considerar sus cifras a fin de dimensionar a la población mapuche. Por lo tanto, la fuente de los siguientes datos es el Censo de Población, Hogares y Viviendas 2010. Censo del Bicentenario. Pueblos Originarios: Región Patagonia.

En la presentación del trabajo se expresa que “permitió identificar en cada hogar a las personas que se reconocían pertenecientes o descendientes de un pueblo originario y el nombre del pueblo de pertenencia”. Luego detalla: “En la región Patagonia, compuesta por las provincias de Chubut, Neuquén, Río Negro, Santa Cruz y Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, de un total de 2.100.188 habitantes, 145.126 personas se autorreconocen descendientes de, o pertenecientes a un pueblo originario”. De ellos, agregamos, la gran mayoría (80%) se reconocen como descendientes del pueblo Mapuche. Mientras que el 85% vive en áreas urbanas y apenas unas 22 mil personas refieren vivir en áreas rurales.

Conflicto que podría solucionarse

Observando estos resultados, podría entenderse que las reivindicaciones históricas mapuches en cuanto al respeto de los tratados, leyes y decretos, que oportunamente firmó el Estado argentino, no ofrecerían mayores dificultades de solución aunque si de un largo proceso.

Para la restitución de esos dominios reclamados, se requeriría primero la validación de títulos legales y honoríficos para luego proceder a negociar con los actuales ocupantes las formas de compartir o ceder tales territorios. Sería quizás una manera de comenzar a dar por finalizado un conflicto innecesario e injusto que ya lleva más de un siglo sin resolver. Al mismo tiempo se desactivarían las consignas reivindicatorias y las acciones violentas llevadas a cabo por grupos radicalizados.

Walter Raymond

Próxima entrega: La actualidad vista desde distintos sectores.

Material bibliográfico e información complementaria

Cartografías argentinas: políticas indígenas y formaciones provinciales de alteridad / compilado por Claudia Briones.

Censo de Población, Hogares y Viviendas 2010. Censo del Bicentenario. Pueblos Originarios: Región Patagonia

Provincia de Chubut

El 8,5% de la población de la provincia del Chubut se reconoce indígena. Se trata de 43.279 personas sobre un total de 509.108 habitantes. El 73,4% de esos 43.279 habitantes se autorreconoció perteneciente al pueblo Mapuche, el 18,3% al Tehuelche y el 1,6% al Toba e igual porcentaje al Quechua. El 81,3% de la población indígena de la provincia del Chubut vive en áreas urbanas y el 18,7% en áreas rurales. Del pueblo originario más numeroso, el Mapuche, el 78,6% vive en áreas urbanas y el 21,4% en áreas rurales. El 95,8% de los indígenas de la provincia del Chubut nació en la Argentina y el 4,2% nació en otro país. De los nacidos en la Argentina, el 16,2% es oriundo de otra provincia.

Provincia de Neuquén

El 7,9% de la población de la provincia del Neuquén se reconoce indígena. Se trata de 43.357 personas sobre un total de 551.266 habitantes. El 91,4% de esos 43.357 habitantes se autorreconoció perteneciente al pueblo Mapuche, el 1,7% al Tehuelche y el 1% al Kolla. El 81,1% de la población indígena de la provincia del Neuquén vive en áreas urbanas y el 18,9% en áreas rurales. Del pueblo originario más numeroso, el Mapuche, el 79,9% vive en áreas urbanas y el 20,1% en áreas rurales. El 93,2% de los indígenas de la provincia del Neuquén nació en la Argentina y el 6,8% nació en otro país. De los nacidos en Argentina, el 16,3% es oriundo de otra provincia.

Provincia de Río Negro

El 7,1% de la población de la provincia de Río Negro se reconoce indígena. Se trata de 45.375 personas sobre un total de 638.645 habitantes. El 87,9% de esos 45.375 habitantes se autorreconoció perteneciente al pueblo Mapuche, el 5% al Tehuelche y el 1,1% al Guaraní e igual porcentaje al Quechua. El 81,9% de la población indígena de la provincia de Río Negro vive en áreas urbanas y el 18,1% en áreas rurales. Del pueblo originario más numeroso, el Mapuche, el 81,3% vive en áreas urbanas y el 18,7% en áreas rurales. El 93,1% de los indígenas de la provincia de Río Negro nació en la Argentina y el 6,9% nació en otro país. De los nacidos en Argentina, el 16,6% es oriundo de otra provincia.

Provincia de Santa Cruz

El 3,5% de la población de la provincia de Santa Cruz se reconoce indígena. Se trata de 9.552 personas sobre un total de 273.964 habitantes. El 46,2% de esos 9.552 habitantes se autorreconoció perteneciente al pueblo Mapuche, el 27,4% al Tehuelche y el 5,2% al Kolla. El 93,7% de la población indígena de la provincia de Santa Cruz vive en áreas urbanas y el 6,3% en áreas rurales. Del pueblo originario más numeroso, el Mapuche, el 92,9% vive en áreas urbanas y el 7,1% en áreas rurales. El 87,2% de los indígenas de la provincia de Santa Cruz nació en la Argentina y el 12,8% nació en otro país. De los nacidos en la Argentina, el 39,9% es oriundo de otra provincia.

Provincia de Tierra del Fuego

El 2,8% de la población de la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur se reconoce indígena. Se trata de 3.563 personas sobre un total de 127.205 habitantes. El 27,4% de esos 3.563 habitantes se autorreconoció perteneciente al pueblo Mapuche, un 10,3% al Diaguita-Calchaquí al igual que al Kolla y el 8,2% al Ona. El 91,2% de la población indígena de la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur vive en áreas urbanas y el 8,8% en áreas rurales. Del pueblo originario más numeroso, el Mapuche, el 88,6% vive en áreas urbanas y el 11,4% en áreas rurales. El 86,9% de los indígenas de la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur nació en la Argentina y el 13,1% nació en otro país. De los nacidos en la Argentina, el 60,4% es oriundo de otra provincia.

Historia del pueblo mapuche siglos XIX y XX. José Bengoa Cabello.

Vida fronteriza en la Araucanía. Sergio Fernando Villalobos Rivera.

Los mapuches del siglo XVIII. José Manuel Zavala Cepeda.

“El “Estado de Arauco” frente a la conquista española: estructuración sociopolítica y ritual de los araucanos-mapuches en los valles nahuelbutanos durante los siglos XVI y XVII”. José Manuel Zavala Cepeda y Tom D. Dillehay.

De la Trapananda al Áysen. Mateo Martinic.

“Historia de Chile” Chile pre hispánico. Tomás Guevara.

Historia de Chile. Francisco Antonio Encina.

La frontera araucana. Memoria chilena. Biblioteca Nacional de Chile.

Tesis doctoral “La transformación socio-política de los araucanos”, de Carlos Lázaro Ávila.
Informe de la Comisión Verdad Histórica y Nuevo Trato 2003. Volumen III, Tomo  II. Primera parte del informe final de la Comisión de Trabajo Autónomo Mapuche Capitulo II.

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